domingo, 10 de mayo de 2015

Cuento-La Cartita del Día del Padre


 
Corría el año 1959 y entraba a Primer grado, la idea de empezar La Escuela me encantaba, sin embargo a partir de ese día empezó mi pesadilla.

La escuela era linda y había muchos chicos, la maestra era una bruja, por lo menos la que me toco a mí.  Fui a una escuela como dicen ahora Pública y les diré que ya se notaba el deterioro educativo. No daba pie con bola. Me costaba entender las cuentas y los dictados eran mi desgracia, y todo esto era producto de lo poco que querían enseñar y se escudaban en que el grado era muy populoso.

Cuando teníamos dictado, había palabras que no sabía cómo se escribían y me quedaba pensando, y ahí perdía el hilo del mismo, porque los dictados no eran palabras sueltas, eran una historia, entonces que hacía yo, al perderme inventaba una historia paralela hasta que enganchaba con lo que la maestra dictaba. Imaginen la ensalada divertida que quedaba.  

La Maestra no estaba preparada para afrontar una niña con mis cualidades. En ese entonces eran muy estructuradas, así que la maestra se arrancaba los pelos.  Pero para peor, esta educadora no tuvo la mejor idea que llamar a mi Madre y decirle que tenía mucha imaginación, que eso no era bueno y que tenía que cortármela. Jajaja … ¡buena docente che! Milagrosamente mi mamá con muy buen criterio le contesto: 

      - prefiero que la nena repita el grado antes que pierda su imaginación-. Y así seguimos ¡a las patadas jajaja!

En la cuentas tampoco andaba bien, pero insisto, todo por falta de paciencia de la maestra y de mis padres. Y aquí viene el tema de la cartita. Teníamos un solo cuaderno para todo y te corregían con rojo cuando algo estaba mal, y como era de esperar, yo tenía cartelones en Rojo. Mi cuaderno se desangraba de lo rojo que estaba. Cuando llego el Día del Padre hicimos una cartita, donde el sobre de esta iba pegado en el cuaderno con la carta adentro,  y en la página de al lado había unas cuentas corregidas con un  inmenso ¡MALLLLL! .  Que dilema tenía, ¿cómo hacía para darle la carta si al lado tenía un inmenso fracaso bien remarcado por la dulce Maestra?

Al pensar, lo único que se me ocurrió a la edad de 7 años fue sacar la carta del sobre y entregársela en mano sin este. Y así lo hice,  era la única manera de tener la fiesta sin amarguras para él y para mí. – ¡Felizzz Día Papá! – le dije y él contento recibió su cartita sin preguntar por el sobre. De esa manera salí airosa con estilo.

¡Viva!!! el sistema Educativo Argentino por hacernos sentir tan bien a los niños de esa época, porque ¿queda alguna duda de que la Maestra me quiso hundir con ese cartelón en el cuaderno? sabía que mi Papá lo iba a ver — así que saquen sus propias conclusiones

Medusa

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