Pilu era mi perro, un Fox terrier indomable, hacía lo que quería. Era de color blanco con manchas negras y una cola en forma de rulo que no se la habíamos cortado, como sí era costumbre hacer con esa raza, por lo que ostentaba toda su cola, bien peludita. Éramos inseparables. Compartíamos juegos, aventuras y también líos.
A mi mamá le gustaba mucho cocinar y realmente era muy rica su comida, como también sus postres. El único problemita es que era un tanto mezquina, le gustaba que durara la comida y en especial los postres, ¡¡eso era imposible!! ... así que era una lucha.
Hacía una torta que era un espectáculo, deliciosa era decir poco.
Bizcochuelo relleno:
- 1er. piso - pastelera de vainilla,
- 2do piso - pastelera de chocolate
- 3er. piso - dulce de leche
Luego la cubría toda con dulce de leche, picaba finamente nueces y espolvoreaba toda la torta con las mismas. Cada vez que la hacía estábamos en la gloria!!! Pero costaba sacarle más de una porción.
Pilu se volvía loco porque también le gustaba y se daba cuenta rápidamente cuando la hacía, porque como todo perro tenía un mega olfato.
Un día por la tarde mamá hizo La Torta, luego la guardo en la heladera para que la comiéramos cuando ella volviera del cine con mi papá. Era una noche de verano, yo estaba con mi hermana, o sea La Reina (se acuerdan la mencione en otro cuento), y empezó:
- ¿Te parece si comemos un poquito antes de que vengan?- me dijo
- y dale - le conteste. No podía despreciar semejante propuesta, era muy tentadora.
Entonces, La Reina saca la torta de la heladera y la pone sobre la mesa. En ese mismo momento suena el teléfono, ella atiende, era su novio y se pone hablar con él largo y tendido. Obviamente qué paso? se olvido de La Torta.
Dato a tener en cuenta: los teléfonos inalámbrico, celulares, telefonito o como lo quieran llamar, no existían ni en proyecto.
Yo estaba viendo la televisión y ésta seguía hablando - bla bla bla bla ... cuando terminó fue a buscar La Torta para corta unas porciones ¡ay mi Diosssss!!!!!! era un desastre ...
Pilu se había subido a la silla, de ahí a la mesa y se zambulló sobre La Torta. Que lio!! no sabíamos cómo arreglar ese desastre. Estaba totalmente destruida. El vivo del perro con gran exactitud le dio directo en el centro, lo más rico!!!, no siguió porque lo encontramos in fraganti y lo sacamos del cogote, que si no se la comía toda. Los perros no tienen fondo.
¿Cómo salíamos de esta situación? desde ya se nos fueron las ganas de comer. La Reina estaba desesperada, ella la infalible, la que se llenaba la boca con los errores de los demás ahora estaba en problema. Trató de acomodarla lo mejor que podía, pero era imposible, cuando de repente sentimos ruido de llave en la puerta y ahí se le heló la sangre.
¡Eran ellos! mi Mamá no podía creer lo que estaba viendo. Su hijita adorada estaba con todas las manos llena de dulce de leche y la torta destruida (jajaja!!!). Y bueno, ¿qué opción había? mandar en cana al perro. Ella tuvo que explicar lo que había pasado y no hubo más remedio que darle todaaaaaaaaaaaaaaaa la Torta al Perro, ya que estaba baboseada, lamida y pisoteada por Pilu.
Y así fue como ese día no hubo torta. El Perro Feliz!!!, a La Reina la cagaron a pedos, y yo esta vez salí inmune, no había participado en este lio.
Medusa
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